1.
INTRODUCCIÓN
El parricidio consiste en quitar la vida a tu ascendiente o
descendiente consanguíneo en línea recta, dada la gravedad del delito es
menester encontrar la problemática social que conlleva a cometer esta figura
delictiva, más aún cuando en nuestro país han habido algunos casos de hijos que
matan a sus padres, algunos por peleas constantes provenientes de una
convivencia insana, otros por el solo hecho despreciable de obtener un bien
material. Es por eso que el objetivo de este ensayo es conocer a cabalidad la
figura delictiva del parricidio.
¿Está regulado por
nuestro código penal peruano?; ¿Existen casos de parricidio en el Perú?; ¿Cuál
es la causa que lo produce?
El propósito de este trabajo es esclarecer todas estas
preguntas dada la complejidad del tema, ya que si bien se ha escuchado algunos
casos en nuestro país, no se tiene claro en qué consiste, qué lo causa, o cuál
es la consecuencia jurídica para quien comete este delito.
El motivo de este ensayo
es el alarmante número de casos que se han suscitado en los últimos años
y que han sido de conocimiento público, y también por la naturaleza de esta
figura delictiva que consiste en quitarle la vida a tu padre o a tu madre.
2.
ARGUMENTACIÓN
El parricidio es una palabra que se empieza a hacer conocida
pero que aún no se tiene claro qué significa o por qué se llama así. Se le dice
parricida a quien le da muerte a sus padres o a sus hijos, esto quiere decir
que el parricidio es una figura delictiva como el homicidio pero con el
agravante puesto por tratarse del parentesco o filiación que existe entre la
víctima y el victimario.
El concepto de parricidio en nuestro actual Código Penal
peruano (2013) tipifica de este modo el delito, en el artículo 107 nos dice: “El
que a sabiendas mata a su ascendiente, descendiente, natural o adoptivo, o a
una persona con quien sostiene o haya sostenido una relación conyugal o de
convivencia, será reprimido con pena privativa de la libertad no menor de 15
años”.
El bien jurídico protegido de este delito es la vida,
lógicamente, pero el agravante no viene por atentar contra la vida misma, sino
por la importancia que hay respecto de los lazos sanguíneos que existe entre
ambos, lazos inseparables que convierten, a mi parecer, en el crimen más grande
que se pueda cometer.
Según nuestro código existen características para la configuración
del delito de parricidio, esto hace suponer que se trata de un delito especial,
porque solo comete parricidio quien cumple con las características indicadas.
El que a “sabiendas” mata a su ascendiente o descendente, nos da a entender que
se necesita el conocimiento real de la existencia de parentesco entre el sujeto
activo y el sujeto pasivo, esto es, que el homicida este consciente de estar
matando a otro y que esa víctima sea uno de los enumerados en el 107. Basta que el culpable sepa que la víctima es su
pariente, aunque no haya reconocimiento legal. En el caso que no exista tal
certeza en el momento del hecho delictivo, entonces no habrá configuración del
delito de parricidio.
Por otro lado, la modalidad de dolo es debatible, algunos
dicen que el dolo directo y el dolo indirecto son los únicos tipos de dolo que encajan en este
delito, sin embargo, otros aseguran que el dolo eventual también podría bastar
para que se configure el tipo penal que prescribe el artículo 107 del nuestro
código. También existe el parricidio por omisión, y en el ámbito de la
tentativa puede haber tentativa de parricidio en sus modalidades acabada e
inacabada.
En nuestro país como en todo el mundo existen casos de
parricidio donde el hijo o hija mata a su padre o madre, mayormente sucede así
y no al revés, aunque no se discute que existan casos de padres que han dado
muerte a sus propios hijos. En este sentido mencionaré algunos casos sucedidos
en el Perú que no han tenido mucha atención por ser casos antiguos y no han
sido de conocimiento público aunque sí recogido por algunos diarios
independientes.
“El 17 de enero de 1993, un hombre que llevó a su amante a su
casa, ubicada en San
Juan de Lurigancho,
encontró la muerte en manos de su primogénito. El muchacho Fernando Albino
Villafana Machado de 29 años, lo golpeó con un fierro y le destrozó la
cabeza. Luego cegado por la desesperación y el pánico, el parricida trató de
desaparecer el cadáver. Lo trasladó hasta un basural cercano y lo quemó
rociándole querosene. Aguardó que el fuego destruyera el cuerpo y regresó a su
casa. Días después fue capturado.”
En estas situaciones se refleja la sórdida relación padre e
hijo que tienen algunas personas, relación que puede acabar con la muerte del
padre, como sucedió en este caso, y que hay que enfatizar para buscar la
solución y que no suceda en otros hogares.
Otra historia de terror vino desde el Altiplano. Una noche de
agosto de 1925, Antonio Arpasi asesinó y descuartizó a sus padres y
también a sus cuatro hermanas. El homicida fue detenido cuando iba a desayunar
el corazón de su madre y de su hermana. El muchacho sufría de alteraciones
mentales.
Este último atroz crimen hace notar la figura de las
alteraciones mentales que puede tener una persona, en estos tipos de casos la
persona que comete este delito será inimputable, esto quiere decir que no será
condenado por la falta de capacidad psíquica para conocer la antijurícidad de
la conducta, dicho de otro modo, no podrá responder por lo cometido porque no
tiene la capacidad mental para conocer el injusto.
De otro lado es importante encontrar las causas que llevan a
un hijo matar a sus padres o viceversa y reconocer las características
personales de quienes suelen cometer este delito.
Una de las grandes diferencias que se realizan al hacer las
descripciones de perfiles parricidas, tiene relación con el género del agresor,
según los estudios, la gran mayoría de los parricidas son varones, observándose
tasas de hasta un 92%, con una razón de 6-1 entre Hombres/Mujeres. Dentro de
los hombres parricidas, el perfil de mayor frecuencia, serían adultos en los
que existe una alta prevalencia de patología psiquiátrica, en especial esquizofrenia y consumo de drogas
o alcohol. Según el estudio de Cornic y Olie, el típico perfil de un parricida
adulto correspondería a: un varón joven, soltero, desempleado, que vive con la
víctima, sufre de esquizofrenia y abusa de alcohol y drogas, quien ha suspendido
el tratamiento, y posee antecedentes previos de conductas ilegales. En casi
todos los estudios se demuestra una alta prevalencia de psicosis (desde 40%) en
parricidas, y por otro lado, este delito representaría una parte importante
(hasta un 30%) de los homicidios cometidos por personas psicóticas.
En la investigación realizada por Marleau, Millaud y Auclair
se observa, al igual que en los estudios antes mencionados, que la mayoría de
los parricidios son cometidos por varones adultos, en una situación en que hay
una víctima y un victimario. Estos sujetos en su mayoría serían solteros,
desempleados y vivirían con sus víctimas. Como principales patologías
psiquiátricas se encuentran: esquizofrenia paranoide (56%), trastorno bipolar
psicótico (13%), y trastorno esquizoafectivo (8%). Además hasta un 45% tendría
trastorno o rasgos de personalidad narcisista. La mayoría de estos pacientes no
estaba bajo tratamiento al momento del crimen (más del 90%), ya sea porque
ellos mismos suspendían los fármacos o porque no habían sido diagnosticados.
Un segundo
tipo de perfil parricida, siendo este menos frecuente que el anterior1,
correspondería a sujetos adolescentes en tres posibles situaciones
psicosociales: el niño gravemente maltratado, el niño que tiene una enfermedad
mental grave, como psicosis o retardo mental, y el niño peligrosamente antisocial.
Dentro de
los grupos anteriores, el más importante es el del niño maltratado, quien
comete parricidio en defensa propia, en el contexto de una situación de abuso.
En estos casos es más probable que los adolescentes cometan el acto solos y en
situaciones en que los padres estén desprevenidos (durmiendo, sentados viendo
televisión, etc.).
Los
adolescentes parricidas con enfermedad mental grave o trastorno del desarrollo
de la personalidad de tipo antisocial serían extraordinariamente poco
frecuentes, por lo que los parricidios estarían más bien en contextos de
familias severamente disfuncionales y con maltrato crónico15.
Cuando los
estudios se refieren a parricidas mujeres, se las caracteriza más bien como
matricidas (dar muerte a la madre). Según el estudio de D'Orban y O'Connor de
17 parricidas mujeres, 82% habría matado a su madre, 65% de ellas estaba
cursando un cuadro psicótico, y 17,6% tenía un trastorno de personalidad. En el
mismo estudio las descripciones hablan de mujeres solteras, de edad media
(matricidas edad promedio de 39,5 años y parricidas de 21,3 años), viviendo
solas, socialmente aisladas, con una madre dominante y con una relación
simbiótica. Destacaba que dentro de las tres parricidas (asesinato del padre),
dos cometieron el acto sin patología psiquiátrica y contra padres violentos.
El
matricidio es un delito en extremo infrecuente, dando cuenta del 0,68% de todos
los homicidios. En general, se observa que los homicidios dirigidos contra las
madres los cometen casi en su totalidad individuos psicóticos, por lo tanto, si
se consideran sólo los parricidios cometidos por psicóticos, el número de
madres muertas es igual o incluso un poco mayor que el número de padres.
3.
Conclusiones
ü Nuestro ordenamiento jurídico
contiene explícito y detallado análisis sobre esta figura de parricidio,
tipificado en nuestro código como un agravante del homicidio.
ü Sin duda existen muchos casos de
parricidio en nuestro país cometidos mayormente por los hijos que dirigen su
odio o su ambición hacia sus padres poniéndoles
fin a sus vidas y encajando perfectamente en esta figura delictiva llamada parricidio.
ü Lo que lleva a una persona a cometer
un delito como este es producto de una convivencia insana, sin respeto alguno
por los familiares y de aspectos personales o características individuales
enfermizas que pueden llegar hasta la enfermedad mental.
4.
BIBLIOGRAFÍA
Código
Penal, Capítulo II: Parricidio (Art. 107). (2013) Perú: Juristas Editores.
Francisco
González de la Vega Derecho Penal Mexicano Ed. Porrua 2000.
BETANCOURT
LOPEZ Eduardo, Delitos en Particular, Editorial Porrua.
PEÑA
CABRERA, Raúl, "Tratado de Derecho Penal, Parte Especial", t. I, Ed.
Jurídicas, Lima, Perú, 1994, p. 90.
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CABRERA, "Tratado de Derecho Penal, Parte Especial", t. 1, Ediciones
jurídicas, 1994, p. 90.
HURTADO
POZO, JOSE, "Manual de Derecho Penal", parte especial,
"Homicidio y Aborto", Lima, Perú, 1982, ps. 92/93.
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